PARADOJAS DE LA “ERA ON DEMAND”
Hasta hace algunos años, cuando había que invertir en Tecnologías de la Información (TI), las empresas debían pensarlo dos veces. Existía la tendencia a quedar amarrado a tecnología propietaria al seleccionar hardware o software, cualquier necesidad futura quedaba supeditada casi indisolublemente a una decisión que debía tomarse mucho tiempo antes.
En ese contexto, las organizaciones se enfrentaban al dilema de ser “osadas” –al adquirir TI que superaba sus necesidades “reales”– o muy “cortoplacistas” – al comprar TI que apenas cubría los requerimientos presentes–, situación que, naturalmente, generaba desconfianza de la alta gerencia en torno a la decisión y al ROI.
Hoy, sin embargo, la situación es muy diferente. No sólo porque ya no predomina la tecnología propietaria, sino porque hoy las TI se basan en su mayoría en estándares y han ido también convirtiéndose en un servicio. Sí, un servicio como cualquier otro. Necesito “x”, pago por “x” y sólo por el tiempo que lo requiero. Es la llamada Era “On Demand” o del “Utility Computing”, es decir, cuando las TI dejan de ser una apuesta, se adaptan mejor a los ciclos del negocio y calzan perfectamente con las necesidades actuales y las de futuro cercano y lejano.
Para las empresas, un mundo en donde las TI son flexibles y asequibles es mejorar el servicio al cliente, aumentar la productividad y externalizar incluso procesos de negocios no estratégicos, mientras lo que eran gastos fijos se convierten en gastos variables. Las TI dejan de plantear incertidumbre y se transforman en algo plenamente cuantificable y flexible.
Pero este mundo bajo demanda asoma también en nuestra vida cotidiana como catalizador de un profundo cambio en nuestros hábitos. Actividades tan simples, como ver televisión, por ejemplo, ya no nos convocarán como “masa uniforme”. Podremos seleccionar el programa que deseemos ver, en el día y horario que queramos y recibir publicidad que sea de nuestro real interés. Ya no tendremos que preocuparnos de perder nuestra serie favorita o de tener una cinta o un DVD para grabarla, ya que podremos almacenarla o acceder a un menú a nuestro gusto y disponibilidad.
Un amigo con quien conversaba este tema hace unos días, me decía que este mundo plagado de tecnología y con una perspectiva de uso tan individual lo hacía ser pesimista. Me argumentaba que hoy los niños y jóvenes, según diversos estudios, tienen en el computador el centro que consume la mayor parte de su tiempo. Y, aunque reconocía las ventajas de acceso a información y entretenimiento, me decía que el PC tendía a aislar a los niños de sus amigos e incluso de sus propias familias.
Mi respuesta a este amigo escéptico, gerente de una empresa altamente tecnologizada, fue una pregunta: ¿acaso no permite la tecnología que tu negocio sea más eficiente, que haya más productividad y que incluso los miembros de la organización puedan hoy trabajar menos horas y disfrutar más de su vida personal? No me dijo nada, quizá intuyendo que le diría que así como la era “on demand” tiene evidentes beneficios en los negocios, no hay razones de peso para no pensar que hará lo propio en nuestra vida personal. Es cosa de preguntarle a cualquier niño o joven.
La lección es simple: todas las olas de cambios generadas por la tecnología pueden provocar reticencia inicial, pero hay algo que jamás debemos olvidar: mientras ella nos ayude a ahorrar tiempo y recursos y, mejorar la comunicación con otros, nos hace más libres y más humanos. Suena paradójico, pero así lo ha demostrado la historia reciente.
Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.
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