En países como el nuestro, que va camino al desarrollo, cualquier debate serio en torno a qué hacer para insertarnos en la Sociedad de la Información, siempre la educación es una variable a considerar. Este punto no es casual, ya que ella ha estado sustentada en modelos antiguos, que no establecían una relación directa entre nuestra realidad actual y las necesidades que como país tendremos en el futuro cercano.
Una muestra de aquello es la poca importancia que tienen, por ejemplo, las carreras de corte técnico, destinadas a cubrir una parte relevante de las necesidades claves de un país que busca avanzar al desarrollo rápidamente. Este tema, por sí solo, representa ya un interesante debate que no sólo se relaciona con políticas educacionales sino también con nuestra idiosincrasia, que nos lleva a seguir valorando carreras saturadas laboralmente.
Más allá de eso, si pensamos, no ya en la formación profesional o técnica, sino en la educación temprana, surge un tema muy interesante y que tiene que ver con aspectos muy relevantes y concretos respecto de lo que estamos haciendo hoy para acortar la brecha digital interna. En efecto, aunque hoy nos consta que la mayoría de los jóvenes chilenos son usuarios avezados de las Tecnologías de la Información (TI), por sobre otros segmentos de la población, es un hecho que aún existen diferencias de acceso e intensidad de uso entre colegios y liceos de distinta condición socioeconómica.
Con todo, el asunto es más relevante en el caso de los niños de menor edad, es decir, en quienes recién inician su vida escolar, porque serán ellos los que vivirán en un ambiente altamente tecnologizado, en donde la familiaridad con las TI no será ya una ventaja sino una condición básica. Por ende, las iniciativas destinadas a favorecer la alfabetización digital temprana son una necesidad de primer orden, en tanto se relacionan con hacer efectivo el rol de las TI para favorecer el desarrollo humano y apoyar el fortalecimiento de las capacidades individuales y colectivas de nuestros niños.
Este escenario nos sirve para reflexionar en torno al mundo que viviremos próximamente, en donde la comunicación y las formas de acceder al conocimiento pueden ser muy diferentes a las que conocemos. Hoy los jóvenes prefieren el chat o los mensajes de texto a los llamados telefónicos. Les resulta más sencillo y directo. Por eso no extraño que en Estados Unidos, por ejemplo, la penetración de la telefonía móvil no sea tan alta como en países asiáticos o latinoamericanos, puesto que existe una marcada preferencia por Internet como herramienta de comunicación, con todo lo que eso significa.
El punto es que aunque gracias al uso de las TI se han ido creando neologismos, formas de decir distintas a las tradicionales, no por eso dichas formas de comunicación representan avances cualitativos. Hace un tiempo alguien me comentaba que los jóvenes de hoy aparte de no escribir muy bien, en muchos casos también tienen problemas para desarrollar operaciones matemáticas en forma “manual”.
Lo anterior nos permite llegar al tema de fondo. La alfabetización digital debe ser capaz de dotar a las personas de instrumentos para auto superarse, para acceder al conocimiento y la información sin grandes brechas respecto de sus pares. Eso no significa minimizar los esfuerzos para desarrollar las capacidades individuales o reemplazar y eliminar contenidos o formas de aprendizaje tradicionales como muchos creen.
En tal sentido, aunque nos queda mucho por descubrir en este ámbito, como quizás nuevas categorías para analizar la realidad, hay algo esencial que no debemos perder de vista: no debemos confundir la herramienta con el objetivo. Algo especialmente válido para los niños y su proceso de alfabetización digital.
Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.