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INTERNET, PRIVACIDAD Y RESPONSABILIDAD

Cada vez que navegamos por la Red vamos dejando nuestras huellas. Pareciera que estamos solos frente a nuestros computadores personales, pero lo cierto es que decenas de ojos y sistemas automáticos se esfuerzan por identificarnos, por poner nuestros datos en alguna máquina, por gatillar acciones a partir de nuestros clicks, como ofrecernos un determinado producto a través de un aviso emergente o un correo electrónico, por ejemplo.

Más allá de lo que pensemos, y a no ser que definamos políticas de privacidad muy rigurosas en nuestro computador, lo cierto es que somos fácilmente identificables en Internet. Claro, a lo mejor no se sabe nuestro nombre o edad –si es que no hemos llenado un formulario–, pero si se sabe cada paso que damos en la Web y a qué información damos o no importancia.

En ese sentido, en el mundo virtual no importa tanto nuestra condición de persona como de consumidor. Somos objetos atractivos para estudios o campañas de marketing y publicidad.

Lo anterior se complementa con nuestras acciones como sujetos en la Web. Pongamos un ejemplo: Ud. decide tener su propio blog y expresar allí sus opiniones e intercambiar ideas sobre cosas que lo afectan en su vida cotidiana. ¿Cree Ud. que a nadie le interesa lo que opina o que sería muy difícil llegar a su blog personal? Pues está muy equivocado. Hoy hay software especializado en rastrear la Web a la caza de opiniones sobre productos y servicios de determinadas empresas. Con estas herramientas esas compañías pueden anticiparse a lo que dice o dirá el mercado, adaptando su oferta, mejorándola o cambiándola radicalmente si es que las opiniones son negativas. Lo propio podría hacer algún grupo político para captar opiniones y tomar la “temperatura” del ambiente.

Hoy proveemos información a terceros más allá de nuestra voluntad. Ese es el punto en que creo vale la pena detenerse, porque la privacidad en la Red sólo debería terminar en donde comience la ilegalidad o los delitos. Internet fue concebida como un mundo en donde la libertad es fundamental y en donde el intercambio de información es parte del juego.

¿Tenemos derecho, entonces, a no ser visibles, a no tener identidad en la Web? Pienso que no, porque tal como en el mundo real debemos asumir la responsabilidad por cada uno de nuestros actos. A fin de cuentas, que alguien sepa qué diario leemos, qué sitios visitamos o qué compramos en la Web es algo casi inevitable. Sin embargo, la tecnología debe también brindarnos las armas para resguardar nuestra identidad, especialmente para que nuestros datos personales no caigan en manos de inescrupulosos o delincuentes.

En definitiva, que se explote nuestro perfil de consumidor o cibernauta en abstracto no es malo, porque ayuda a muchas empresas u organizaciones a mejorar sus servicios. Lo grave es que nuestra identidad personal sea revelada a terceros contra nuestra voluntad.

La responsabilidad de proteger la privacidad de nuestros datos personales es, entonces, compartida, porque en cada transacción en que revelamos información estamos confiando en la seguridad de uno o más proveedores conocidos, como un banco, por ejemplo. Sin embargo, él no es responsable si mantenemos nuestro PC expuesto a software dañino que permitirá que otros, anónimamente y desde cualquier lugar, puedan en forma silenciosa seguir cada uno de nuestros pasos y lo peor de todo: apoderarse de nuestros datos personales.

Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.