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TRADICIÓN, INTUICIÓN Y EL FUTURO DE LA TECNOLOGÍA

Bill Gates, el conocido fundador de Microsoft, vaticinó hace algunas semanas la desaparición del mouse y el teclado, dos componentes que hoy consideramos indispensables en un computador personal.

Para comprender bien lo que señala Gates es preciso tomar conciencia de que la innovación tecnológica está alcanzando una fuerte aceleración en estos momentos, la cual provocará que en los próximos diez o veinte años asistamos a la mayor ola de transformaciones que haya conocido la humanidad.

Pensando en lo que dijo Gates y en lo que esperamos de la innovación tecnológica, me parece interesante reflexionar sobre cuál es el motor que conduce los cambios y cuál es el límite que ella tiene.

Si vemos lo que ha sucedido y lo que se proyecta para el futuro cercano sólo a nivel de computadores y otros dispositivos, notaremos inmediatamente que la evolución tecnológica está regida estrechamente por el ser humano, que es el motor y, a la vez, el límite.

Pensemos en el caso de la computación intuitiva. Los computadores todavía, si bien nos facilitan las cosas no operan, por definición, de un modo totalmente intuitivo, es decir, vinculado estrechamente a nuestros hábitos y conductas. Por eso, si bien ya han quedado atrás las pantallas azules y las combinaciones de tres teclas para definir una función, falta mucho por hacer en este campo. Y, aunque hoy nos parezca asombrosa la desaparición del mouse y el teclado –porque nos hemos acostumbrado a ellos– lo cierto es que es un camino irreversible, porque nuestra voz y manos pueden interactuar con un PC de un modo más sencillo.

¿Cómo serán esos computadores intuitivos? Una pantalla sensible al tacto, en donde la presión de nuestros dedos y nuestra voz nos permitirán ejecutar acciones y comandos a partir de una especie de interfaz caracterizada, paradójicamente, por la ausencia de una interfaz, al menos tal como la que conocemos hoy.

Por otro lado, encontramos lo que se conoce como “domótica”, es decir, la automatización del hogar a través de una serie de sistemas que nos permitirán manejar fácil y remotamente los artefactos que nos ayudan a nuestro bienestar, entretenimiento, seguridad y comunicación, entre otros aspectos cotidianos. Este conjunto de sistemas, basados en dispositivos que interactúan a través de redes cableadas o wireless, corresponde en cierto sentido a lo que se llama “hogar digital” y tiene como eje fundamental la “inteligencia” de los artefactos, su interacción entre sí y su capacidad para responder de un modo eficiente a nuestras necesidades.

¿Y cuál o cuáles son los límites de todo esto? Nosotros mismos, porque así como el mouse y el teclado tradicional darán paso a nuestra intuición en forma más certera con un PC, nuestros hogares y trabajos por más que utilicen mucha tecnología siempre tendrán un espacio para la tradición, para nuestra cultura y conductas comunes. El horno podrá estar encendido y la comida lista cuando regresemos a casa, pero siempre nos reuniremos en familia en la mesa para compartir o nos tomaremos un café en nuestra oficina mientras charlamos con nuestros pares.

La disrupción que habitualmente producen las nuevas tecnologías tarde o temprano termina. En algunos casos tendremos que adaptarnos al cambio, pero en la mayoría será al revés, porque la orientación del desarrollo tecnológico apuntará siempre a conectarnos con aquello que nos viene dado por nuestra forma de ser o estar en el mundo. Parte de ello es, curiosamente, el encanto que nos produce lo nuevo, las máquinas y la propia tecnología. Por eso, como decía el desaparecido poeta Jorge Teillier, “nunca dejaremos de correr/ para acompañar a los niños / a saludar el paso de los trenes”.

Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.