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¿INTELIGENCIA HUMANA VS. INTELIGENCIA ARTIFICIAL?

Hace algunos días apareció en la prensa una estadística relacionada con la tecnología, pero que merece analizarse en un contexto mucho más amplio. La noticia, que no fue muy destacada en los medios, decía que sólo en el último año la información creada, capturada y replicada equivalía a multiplicar por tres el contenido de todos los libros escritos por la humanidad. Según esas cifras –que tenían por fuente a IDC–, el 2006 se crearon o replicaron más de 161 billones de gigabytes, previéndose que entre este año y el 2010 la información se multiplicaría incluso por seis.

Lo primero que se me vino a la mente tras leer esa noticia fue pensar cuántos de esos datos significarán un real beneficio para nuestra sociedad y cómo esos inmensos volúmenes de información podrían ser procesados para desarrollar más conocimiento. De esta manera, se me hizo evidente que cada día –en escala personal, empresarial o global– requerimos más del apoyo de la tecnología: contamos con más datos, pero no siempre somos capaces de convertirlos en información útil y, en definitiva, en un nuevo conocimiento.

Desde ese punto de vista, no parece casual que buena parte de los avances en ciencia y tecnología estén hoy vinculados, de una u otra manera, con el desarrollo de la inteligencia artificial. En efecto, así como a lo largo de la historia el hombre fue desarrollando técnicas que facilitaron el trabajo y mejoraron la calidad de vida al permitir reemplazar, parcial o totalmente, el esfuerzo físico humano por el de máquinas y artefactos, hoy esa línea de desarrollo tiene que ver con usar la inteligencia artificial para incrementar el conocimiento en distintos ámbitos, como la ciencia o la medicina, por mencionar dos casos de aplicación emblemáticos. El procesamiento veloz de altos volúmenes de información que antes requería de esfuerzos colectivos y de largo aliento hoy puede reducirse significativamente.

¿Podrá la inteligencia artificial superar a la inteligencia humana alguna vez? La pregunta, por cierto, al menos desde una perspectiva, ya tiene respuesta: sí. Un sistema de inteligencia artificial puede procesar en una fracción de segundos lo que para un humano –por más inteligente que sea– podría tomar días, meses o años, incluso. Sin embargo, en abstracto, la respuesta, al menos hasta hoy, parece ser negativa. Los sistemas de inteligencia artificial procesan información imitando el razonamiento humano y, por más que procesen algoritmos a velocidades extraordinarias, sólo permiten establecer conclusiones basadas en probabilidades y que requieren para aplicarse prácticamente, o para establecer avances cualitativos en diversos campos, del control y apoyo de la inteligencia humana.

El cine de ciencia ficción, que siempre tiene la virtud de mostrarnos anticipadamente el futuro, aunque siempre desde una perspectiva basada en problemáticas actuales –con las limitaciones que ello supone–, nos demuestra que este no es un tema nuevo. HAL 9000, el robot que aparece en la obra maestra del fallecido Stanley Kubrick, “2001, Odisea del Espacio”, de 1971, representa precisamente a la inteligencia artificial enfrentada a los humanos. Por si no vio la película, le resumo diciendo que HAL 9000, por más que imitara al hombre a la perfección, carecía de la intuición humana y, finalmente, es desactivado mientras entona con su voz desafinada la vieja y emotiva canción “Daisy”. Una paradoja que nos recuerda que siempre detrás de toda inteligencia artificial está la inteligencia humana.

Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.