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WEB DEL MUNDO REAL Y PRIVACIDAD

Hace algunas semanas, en la VI Región, se detuvo al presunto autor de un crimen cuya coartada inicial era haberse encontrado a mucha distancia del lugar de los hechos. El joven reconocía haber llamado desde su celular a la víctima, pero desde otra ciudad. Sin embargo, toda su teoría se derrumbó cuando la policía pudo constatar que la antena desde la que se había retransmitido uno de los llamados estaba ubicada cerca del escenario del crimen.

Este caso nos permite comprender las posibilidades que abre la tecnología para resolver situaciones tan críticas como la mencionada, pero también nos brinda la oportunidad de reflexionar en torno a avances muchas veces desconocidos por el común de las personas y que pueden transformar muy pronto nuestra vida cotidiana.

En efecto, más allá de lo que acontece con la telefonía móvil y todas sus posibilidades actuales, el mundo avanza decididamente hacia nuevos paradigmas. La tecnología actual no sólo nos permite comunicarnos desde cualquier lugar, a través de múltiples medios y acceder a información en cualquier momento. Hoy es posible que alguien pueda reconstruir cada uno de nuestros pasos, a través de las transacciones que realizamos con nuestras tarjetas de crédito, nuestro celular, nuestro computador, etcétera, y saber cada una de nuestras preferencias e incluso nuestros desplazamientos.

Sin embargo, la tecnología puede ir más lejos, permitiendo a terceros conocer no sólo nuestros gustos o algunas de nuestras actividades virtuales o transacciones electrónicas a posteriori, sino también en el presente, en tiempo real y en el mundo real. ¿Cómo es posible esto?

La respuesta hay que buscarla en la aplicación y confluencia de diversas tecnologías, las cuales, en conjunto, van configurando lo que algunos denominan una “web del mundo real”. Se trata de tecnologías como la Identificación por Radiofrecuencia (RFID, por sus siglas en inglés), las emergentes redes Mesh y tecnologías de ubicación, como GPS, entre otras. Ellas, aplicadas con teléfonos inteligentes, PDA’s (asistentes personales digitales), computadores personales y otros dispositivos portátiles nos harán plenamente ubicuos, pero también “ubicables”.

En ese sentido, así como hoy las flotas de transportes, especialmente las de valores, pueden ser rastreadas en tiempo real y con total exactitud, mañana la combinación de diminutos chips de posicionamiento en dispositivos, teléfonos inteligentes, e incluso en nuestras ropas, con o sin nuestro consentimiento, pondrá en dilema la privacidad personal.

Este conjunto de tecnologías -interactuando entre sí, como una gran red–configurará un mundo en donde lo virtual y lo real se superpondrán, acercándonos a lo que hemos visto en el cine, en películas de “ciencia ficción” o que creíamos muy “futuristas”. Estaremos siempre conectados, algo que usemos o llevemos dirá en todo momento dónde estamos y eventualmente qué hacemos. Incluso cámaras apoyadas por software analítico podrán conocer nuestras emociones y determinar, de alguna manera, parte de lo que pensamos.

Si lo vemos por el lado de tomar mejores decisiones en los negocios y la vida cotidiana, no cabe duda de que este nuevo paradigma supondrá múltiples beneficios para cada uno de nosotros. Sin embargo, como sucede en todos los ámbitos de la realidad, en la tecnología también existe una cara y un sello. En este caso, el sello será el sacrificio de parte, o bien toda, nuestra privacidad, del misterio que cada persona lleva consigo y que la hace única. Sólo el futuro develará hasta dónde llegará el límite, porque en el presente ya sabemos que ese mundo es totalmente posible.

Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.