NUESTRO CUERPO, NUESTRA IDENTIDAD
La ola de fraudes basados en la suplantación de identidad de las personas es hoy por hoy uno de los temas de mayor preocupación en todo el mundo. Consideremos, como ejemplo, lo que ha acontecido en este ámbito sólo en Estados Unidos, en donde, según el Departamento de Justicia, más de tres millones de hogares han sido víctima de este tipo de delitos, realizados a través de fraudes en tarjetas de crédito, teléfonos celulares o del acceso a sistemas en donde hay información personal.
Ya hemos escuchado hablar también de “phishing”, una técnica que engaña a los clientes de bancos, entidades financieras o grandes tiendas, a través de un e-mail que contiene vínculos a un sitio Web falso, en donde a la víctima se le pide reingresar o modificar sus datos personales. Asimismo, hemos conocido recientemente los casos de delincuentes que han accedido incluso a los “pines” secretos que utilizan las personas para realizar transacciones con sus tarjetas de débito, provocando millonarias pérdidas a connotadas entidades bancarias internacionales.
Lo interesante de este fenómeno es que, mientras los hackers y delincuentes organizados para cometer fraudes electrónicos han ido aumentando y mejorando sus técnicas con las consecuentes pérdidas a las empresas y personas, la industria tecnológica en los últimos años ha ido buscando nuevas alternativas para maximizar la seguridad e identificación de las personas. Con esto, se acelera el desarrollo de tecnologías que, hasta hace poco, estaban muy restringidas en su uso.
En tal sentido, el camino al por el que se avanza casi irreversiblemente, es a la utilización del cuerpo como nuestra identidad, dejando en el pasado el uso de claves o dispositivos que, además de ser difíciles de retener o utilizar, no resultan cómodos y están expuestos a robos. Así, tal como ya usamos el dedo para identificarnos electrónicamente en las isapres de nuestro país, por ejemplo, el reconocimiento facial o del iris del ojo o de las venas de nuestras manos, comenzarán a ser usados con más frecuencia y en todos los ámbitos.
Estas tecnologías, que incluyen también el reconocimiento de la voz hasta en forma telefónica, se mezclan con aplicaciones de software basadas en modelos matemáticos para identificar a las personas por su manera de caminar o incluso por las pulsaciones de sus dedos al teclear, por ejemplo, una contraseña.
Esta tecnología que en el futuro cercano será usada masivamente en todos los lugares para identificarnos, como en el trabajo y para acceder a servicios o realizar transacciones electrónicas, se asemeja mucho a lo que veíamos sólo en películas de ciencia ficción. Se tratará de una tecnología más sencilla para los usuarios y con altísimos niveles de seguridad, es decir, la ecuación perfecta para prevenir el robo de identidad. Esto favorecerá enormemente el desarrollo de los negocios electrónicos, los cuales alcanzarán mayores niveles de confiabilidad y establecerá una sólida barrera para quienes hoy profitan suplantando a otras personas.
Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.
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