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EL TELETRABAJO Y EL “EFECTO HUMANO” DE LAS TI

Hace algunas semanas se difundió en la prensa y en la televisión el caso de un profesional discapacitado que, aprovechando sus conocimientos en informática, creó una empresa orientada a proveer servicios externos, especialmente para las Pymes. La particularidad era que en esa empresa sólo trabajan personas con discapacidad física, las cuales, por no poder desplazarse normalmente, realizan sus labores desde sus propias casas, apoyados por computadores personales.

Este caso, ejemplar, por cierto, nos sirve para ver una cara más humana de las Tecnologías de la Información (TI), la cual muchas veces sólo es asociada con grandes inversiones y sistemas complejos. Existe un interesante efecto social de las TI, a partir de elementos tan sencillos como un computador y una conexión a Internet, que pueden cambiar la vida de una persona, una familia o una comunidad.

Cuando quienes estamos en la industria TI parecemos majaderos con el tema de masificar las tecnologías, estamos hablando no sólo de los negocios y cosas grandilocuentes, sino también de aspectos humanos, como el teletrabajo, el cual está avanzando a gran velocidad en los países en donde existe un fuerte desarrollo digital. En Finlandia, por ejemplo, los teletrabajadores ya representan cerca del 20% del total de la fuerza laboral, mientras en Estados Unidos, por su parte, ya hay más de 30 millones de teletrabajadores.

En Chile, sin embargo, esta modalidad se encuentra sólo en sus inicios. De hecho, los pioneros fueron empresas extranjeras avecindadas en el país, en donde pareciera que las barreras culturales todavía pesan demasiado.

Así, por ejemplo, seguimos siendo un país en donde se sigue asociando productividad con presencia física, cuando las estadísticas demuestran que al compararse idénticas labores realizadas por trabajadores “in situ” versus las efectuadas por los teletrabajadores, la productividad es mayor en estos últimos en un 10%.

Por otro lado, se sigue creyendo que se trata sólo de trabajo muy calificado u orientado a ciertos focos muy específicos, cuando conocemos casos internacionales en donde prácticamente todo tipo de trabajadores de oficinas, desde secretarias hasta ingenieros, puede desarrollar, al menos parcialmente, sus tareas en forma remota.

Pero hay una barrera también importante, no sólo para el teletrabajo, sino para ese efecto humano de las TI, que mencionaba anteriormente. Se trata de que si bien hemos avanzado mucho en Chile en la masificación de los computadores y la banda ancha, aún existe una gran brecha digital en algunas zonas remotas y rurales, las cuales por no ser consideradas como un polo atractivo para comercializar conexiones de alta velocidad a Internet, siguen aisladas y sin posibilidades de sentir en carne propia los beneficios de las TI.

Como país, tenemos hoy una enorme oportunidad para mejorar la vida de las personas. Por eso, cuando hablamos de tecnología creemos que también debemos hablar de voluntad, porque la voluntad es indispensable para que la brecha digital interna se acorte realmente o para que más empresas se decidan a considerar, por ejemplo, el teletrabajo. Se trata de impulsar las transformaciones necesarias, aunque no sean tan rentables en lo inmediato, y usar la tecnología al máximo, pero sin olvidarse de nadie, ya que ese es el efecto humano de las TI: mejorar la vida y el trabajo de todos.

Aníbal Flores C.
Gerente General
CIENTEC.