Aníbal Flores, Gerente General de CIENTEC
No importa el rubro al que se dediquen las empresas. Todas tienen en común el acto de emitir y recibir facturas, junto con los problemas que impone este trámite.
Espacio. En un solo año Chile genera 288 millones de facturas y documentos asociados que particulares y empresas debemos guardar y conservar seis años ante una eventual fiscalización de impuestos. Si juntáramos todo ese papel en un sólo lugar ocuparíamos un espacio aproximado de 864 metros cúbicos. Si su oficina mide tres metros de largo, cuatro de ancho y tres de alto, imagine 24 oficinas iguales repletas de facturas.
Tiempo. Tener factura significa mandar a imprimir talonarios y retirarlos. Ir a Impuestos Internos, esperar, entregar y esperar nuevamente a que los entreguen timbrados.
Seguridad. Repita lo anterior si se le perdió una factura y sume una multa si justo en ese momento llegó un inspector del SII.
Todo esto se acaba con la facturación electrónica la mayor revolución para los contribuyentes del país en décadas. Cuando se aplica tecnología se sabe que hay modernización, pero cuesta aterrizar la idea de en qué se gana concretamente. Por eso la facturación electrónica es un gran ejemplo de que la tecnología aplicada a las operaciones comerciales es una realidad que se puede medir en centímetros y pesos. Para el Estado, según el SII, lo que ahorrará en imprimir, distribuir y almacenar se calcula en 300 millones de dólares al año.
El Estado ofrece actualmente la facilidad de realizar 108 trámites en línea. Se puede consultar información sobre 1.400 trámites y obtener 145 formularios, de 38 servicios. Hoy casi la mayoría de las grandes empresas y el 61% del total están conectadas a Internet. Aunque respecto a países desarrollados aún tenemos grandes diferencias en el aprovechamiento de la tecnología para transacciones comerciales, hay cifras alentadoras como que las empresas chilenas realizan el 18% de sus compras en línea.
Alentadoras, porque la incorporación de las herramientas de tecnología, en especial en el ámbito de los negocios, significa beneficios palpables para todo el país. Se optimizan los recursos, la infraestructura, la calidad del tiempo trabajado, se genera ahorro y se aumenta la competitividad, que en este mismo esquema global, ya no está limitada a nuestras fronteras.
También los costos y por tanto el acceso a la tecnología han bajado. Una empresa chilena puede contratar servicios avanzados, como los de Alta Disponibilidad - que asegura la continuidad operativa 24 horas, siete días a la semana -. El cliente por medio de un servicio de externalización puede así ahorrarse los altos valores de mantener internamente la infraestructura y soporte computacional que se requiere.
Sin duda incorporarse a los negocios virtuales implica un cambio que es gradual, de acuerdo a las posibilidades de cada una de las empresas. Recién en cinco años se espera contar con el 80% de las empresas realizando sus trámites de facturación electrónicamente.
Y es necesario ese tiempo para hacer los ajustes, sobre pago en línea, correcta aplicación del modelo, trasparencia y otros. Lo importante es que todos estos temas ya se están estudiando y la máquina ya está en marcha, abriendo camino a servicios propios de la nueva economía, a operaciones comerciales más rápidas y eficientes y al aumento de la competitividad de todo el país.