Gracias al estándar MIME (Multipurpose Internet Mail Extensions), surgido en la década pasada, el correo electrónico pasó de ser una herramienta muy limitada a un sistema de comunicación capaz de soportar múltiples formatos de archivos.
Hoy intercambiar un documento electrónico por e-mail es un asunto cotidiano. Sin embargo, antes de 1992 no era tan sencillo como poner el archivo adjunto y hacer el envío respectivo.
En ese entonces, cuando Internet aún no estaba masificada como hoy, las empresas, generalmente, alentaban el uso de los diskettes para enviar documentos dentro de la organización, aunque no era muy eficiente desde el punto de vista de los costos y el tiempo.
En ese entonces para enviar un mensaje por correo electrónico había que convertir el documento a formato ASCII (American Standard Code for Information Interchange).
De esa manera, el destinatario lo podía ver, aunque los gráficos se perdieran por el cambio de formato. Y, si bien era posible realizar cambios, el autor del documento debía compararlo con el original y luego volver a pasar el documento al formato inicial. Todo se hacía lento y engorroso.
En este contexto, la irrupción del estándar MIME (Multipurpose Internet Mail Extensions) fue saludada con agrado en todo el mundo, en tanto vino a resolver las demandas de los crecientes usuarios de correo electrónico, especialmente ante la masificación de Internet, convirtiéndose en una de las claves de la Internet actual.