Desde el 1 de enero del 2005, Japón y la Unión Europea exigirán que todos los productos importados no sólo tengan un sistema de trazabilidad definido, sino que además esté en formato electrónico y en línea, un desafío enorme para el sector exportador y las empresas TI.
En la década del '90 se produjo una verdadera alarma entre los santiaguinos debido a que en un supermercado se encontró un paté vencido, el cual produjo serios problemas gástricos a un consumidor. A pesar de que el hecho dejó preocupados a muchos clientes y bajó temporalmente las ventas de ese producto, no hubo más víctimas, ya que se logró identificar la partida exacta de paté que podía tener problemas. Todo esto, gracias a la trazabilidad.
La trazabilidad o "rastreabilidad" es un conjunto de acciones, medidas y procedimientos técnicos que permiten identificar y registrar cada producto desde su nacimiento hasta el final de la cadena de comercialización. De esta forma, permite rastrear la cadena de producción y otorga a los productores la posibilidad de colocar sus productos en mercados específicos más rentables, que exigen la certeza del origen y de las distintas etapas del proceso productivo.
Actualmente, tanto productores como compradores internacionales, están viendo que la tecnología es la principal herramienta para rastrear un producto. En primer lugar, todos los elementos en la cadena de producción pueden ser registrados por terminales que envían la información a una robusta base de datos, la que organiza la información a medida que llega, creando grupos según sea la "partida" del producto determinado. Luego, los bienes son etiquetados mediante código de barras o smart tags bajo tecnología RFID (Radio Frequency Identification), para ser identificados en el futuro. Por último, el comprador puede consultar sobre la trazabilidad del producto a través de Internet o por medio de redes privadas.
Además, la trazabilidad es la herramienta que permite satisfacer la necesidad que tiene el consumidor de saber cómo se han obtenido y procesado los alimentos, pues permite conocer el impacto medioambiental de cada uno de los productos, llegando incluso a conocer la genética de los animales de los cuales se ha obtenido un producto, la comida que consumió y qué pesticidas se utilizaron.
Si bien este concepto existe hace varios años en el mundo, muchos países están poniendo un mayor énfasis en él, debido al aumento de alarmas bioterroristas, especialmente después del atentado del 2001 a Estados Unidos. Mientras la Unión Europea (UE) establece que a partir de 2005 será obligatoria la trazabilidad física de los productos alimentarios que ingresen por sus fronteras, Estados Unidos -dentro de su Acta de Bioterrorismo- estipula contar con ciertos estándares que permitan la trazabilidad.
Por otro lado, el incremento de Tratados de Libre Comercio que ha suscrito Chile en los últimos años, junto con un aumento de las exportaciones a países desarrollados, ha obligado a los productores nacionales a crear estrictos sistemas de trazabilidad para poder tener sus productos en las estanterías extranjeras.
Datos Electrónicos
Imaginemos un productor ganadero que necesita detallar toda la cadena de producción de un trozo de carne, desde que nace el ternero hasta que un corte es insertado en un supermercado japonés, pasando por la alimentación del animal, su sacrificio, desposte, sellado y envío transoceánico.
Podría hacerlo perfectamente, pero en el momento que el comprador nipón le pidiera dicha trazabilidad de inmediato, en un esquema tradicional, nuestro ganadero no sabría como juntar la información y hacérsela llegar con la celeridad requerida.
Es aquí donde la tecnología entra al negocio. Los sistemas de bases de datos y su disponibilidad a través de Internet u otro medio digital como CDs, correo electrónico o catálogos en línea son las herramientas perfectas para "digitalizar" la trazabilidad de un producto y cumplir con las normas requeridas por los mercados internacionales. Basta que un producto sea identificado por su código de barras o etiqueta RFID para que su trazabilidad sea develada, según el método que previamente hayan acordado las empresas involucradas en la cadena de producción y ventas de dicho producto.
Si un cliente pide a su proveedor una información detallada de un producto en concreto en una cierta etapa de su producción, una empresa que dispone de un buen método y habla un lenguaje universal de trazabilidad, no tendrá problemas para hacerlo. Si no se da esta situación lo más probable es que el cliente sienta inseguridad y lleve su negocio hacia otra parte.
Tomando en cuenta estos requerimientos, una de las premisas básicas de un buen sistema de trazabilidad es que esté 100% disponible para ser revisado, por lo que se requieren servidores de bases de datos que estén recibiendo continuamente la información de las diferentes etapas de producción del producto e ingresándolas a su "historial electrónico."
De esta forma, no sólo el consumidor final podrá tener una información acerca del origen de dicho bien, sino que en caso de alarma de intoxicación en una tienda en Inglaterra, su dueño accede rápidamente a través de Internet a la cadena de producción y retira completamente toda la partida en riesgo. Esto permite además que el comprador confíe en que su proveedor sólo tuvo un problema aislado.
En ese sentido, sectores como la alimentación, la medicina, la distribución comercial, la logística o el entretenimiento han sido ya campo de actuación de proyectos pioneros basados en la identificación de la trazabilidad mediante un chip o código de barras. Existen proyectos, por ejemplo, para el control de existencias en almacenes, inventarios instantáneos, control de fabricación y garantías, caducidad de perecederos, control del transporte y distribución, en sus distintas modalidades, entre otros.
Oportunidad para Crecer
En el mercado chileno está surgiendo software que permite administrar la trazabilidad de los productos de una empresa determinada. Estos programas pueden instalarse en los sistemas informáticos internos de la compañía o bien utilizarlos como un puente para guardar la información en centros de datos en calidad de outsourcing y revisar la trazabilidad en línea, bajo la modalidad de ASP (Application Service Provider)
Implementar sistemas de trazabilidad no es sólo un privilegio de los grandes productores o exportadores. Mediante la modalidad de outsourcing, una gran cantidad de Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) pueden realizar la "traza" de sus productos y acceder a mercados internacionales, sin tener que invertir una gran cantidad de recursos en infraestructura informática o personal dedicado a dicha tarea.
Según cifras del sector exportador chileno, si las empresas nacionales aplican correctamente las políticas de trazabilidad, el volumen total de exportaciones que potencialmente podrían acceder a estos servicios alcanza hoy a US$4.000 millones, lo cual representa un 20% de las exportaciones totales del país.
A modo de ejemplo, la Fundación Chile lanzó un sistema nacional de trazabilidad alimentaria integrada en nuestro país. Esta tecnología, denominado Traza Chile, nace con el fin de ofrecer a más de 3.500 empresas chilenas exportadoras de alimentos la posibilidad de cumplir las normas de los mercados de EE.UU., Japón y la UE. Especialmente estos dos últimos, que desde el 1 de enero de 2005 exigirán a sus productos importados disponer de un sistema electrónico de trazabilidad que, de preferencia, pueda estar disponible en línea desde cualquier lugar del mundo.
La idea es estandarizar los formatos de información entre clientes y proveedores para facilitar el intercambio entre los agentes de la cadena de suministro. Este es el camino para cientos de exportadores que ven con entusiasmo como Chile se abre aún más a los mercados internacionales. Pero para estar en ellos hay que demostrar transparencia en la calidad de los productos y que mejor que las Tecnologías de la Información para ayudar a ese objetivo.